Cumbre

El G20 en Osaka: fortalecer la economía global y enfrentar al proteccionismo

Por Gabriel Moyssen

Con una agenda oficial dedicada a la economía global y los mercados financieros, los días 28 y 29 de junio tendrá lugar en Osaka, Japón, la cumbre de las mayores potencias productivas que integran el Grupo de los Veinte (G20), en un escenario donde no pueden descartarse discrepancias importantes, tanto estructurales como de coyuntura, que alcanzan el marco geopolítico.
Ante el consenso resquebrajado sobre la dirección de la economía mundial en el Grupo de los Siete (G7) que agrupa a las principales potencias occidentales, tras la irrupción en 2017 del presidente Donald Trump en la Casa Blanca y el lanzamiento de una estrategia proteccionista, unilateral y agresiva que intenta revertir el declive hegemónico de Estados Unidos ante la expansión de China, no sorprende que para Japón, que por primera vez organiza el encuentro anual, el acento de la cumbre se haya puesto precisamente en el enfoque económico y financiero.
Para nadie es un secreto que Tokio, afectado por más de 40 años de bajo crecimiento y tendencias demográficas negativas, pese a la llamada abenomics en alusión a las medidas del primer ministro Shinzo Abe, requiere como la Unión Europea y países en desarrollo como México y Brasil, una recuperación de la estabilidad y de las reglas claras en torno al comercio y la nueva economía digital y del conocimiento, para lo que se buscará por primera ocasión regular al sector del bitcoin y otras monedas virtuales, que otra vez está en auge.
Para la UE estos objetivos revisten la mayor importancia, de cara a la probable crisis económica que enfrentará Gran Bretaña después de que se concrete en octubre el Brexit y del impacto que representará para el bloque, en momentos en que el paradigma de la unión y sus políticas neoliberales que han aumentado la desigualdad es sacudido por las protestas de los Chalecos Amarillos en Francia y el resurgimiento del nacionalismo en países como Polonia.
En el caso de México, es claro que ante la impredecible administración Trump la apuesta del nuevo gobierno de Andrés Manuel López Obrador es el apaciguamiento y la búsqueda de un consenso bilateral -lo que pasa por asuntos tan importantes como la migración y el narcotráfico- que puedan paliar a medio plazo, en un marco de incertidumbre, la falta de ratificación del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) que reemplazaría al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), debido a las elecciones generales de octubre y de 2020 en Canadá y EU, respectivamente.

México: apoyo retórico

Cabe esperar, por tanto, que nuestro país ofrecerá en Osaka, la segunda metrópoli nipona con más de 19 millones de habitantes y un marcado carácter industrial, su apoyo retórico a los previsibles llamados que se harán para respetar las normas establecidas por los acuerdos multilaterales y la Organización Mundial del Comercio (OMC), que Trump ha amenazado con abandonar.
Igual de previsible, la ausencia de López Obrador en la gran urbe de la región de Kansai confirmará que el bajo perfil diplomático de su gobierno desperdicia oportunidades en las áreas donde México había tenido voz y encontrado interlocutores importantes, como la defensa de la legislación internacional y del multilateralismo, que en esta coyuntura se antojan imprescindibles incluso con la meta práctica de diversificar su comercio y atraer capitales.
En su mensaje oficial con motivo de la cumbre, Abe recalcó que Japón “está determinado a encabezar el crecimiento económico global mediante el impulso del libre comercio y la innovación, logrando tanto el crecimiento como la reducción de disparidades”, además de contribuir a la agenda del desarrollo. Destacó asimismo que Japón pretende alcanzar y promover una “sociedad del futuro centrada en lo humano” libre y abierta, incluyente y sustentable.
Desafortunadamente, sin embargo, estos objetivos chocan con los anunciados por Trump y sus principales asesores en la materia como Peter Navarro, director de la Oficina de Política Comercial y de Manufacturas de la Casa Blanca y Larry Kudlow, titular del Consejo Económico Nacional.
Artífice del aislacionismo y del proteccionismo que ha esgrimido Washington con su salida del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) y las críticas al TLCAN, además de la imposición de aranceles a México, Canadá y Bruselas, Navarro está detrás de la guerra comercial con China y Alemania -a las que acusa de manipulación monetaria- y exige el regreso de las cadenas productivas a EU.
Por su lado, Kudlow, ajeno al ámbito académico, hizo una carrera mediocre en Wall Street y en los últimos 20 años trabajó en la televisión justificando el belicismo de los republicanos. En el cargo desde 2018, apoya el recorte masivo de impuestos, la reducción del déficit comercial y los aranceles ordenados por Trump.
Ante un mandatario estadounidense que acaba de salir fortalecido de las pesquisas del fiscal especial Robert Mueller sobre la inexistente “colusión con Rusia” en los comicios de 2016, aparte de preparar un endurecimiento de sus políticas rumbo a la campaña electoral del próximo año, lo que ya es patente para México en el campo migratorio, es de esperarse que EU repetirá en Osaka las amenazas que ya lanzó en otros foros, con todo y que la cumbre del G20 en Argentina se saldó con la firma del T-MEC y una tregua de 90 días en la guerra comercial con China.
En Buenos Aires, el G20 pudo sacar además un acuerdo que reafirmó su compromiso con el libre comercio y un “orden internacional basado en reglas”, pero aceptó las demandas de EU para excluir cualquier referencia al multilateralismo y reformar a la OMC. Incluso el presidente francés, Emmanuel Macron, reconoció que la existencia del grupo estuvo en riesgo y que un fracaso habría acelerado la caída en el proteccionismo.
De acuerdo con medios estadounidenses, a fin de llegar en mayo a un pacto que detenga la guerra comercial, que ha representado la aplicación de aranceles por 250 mil millones de dólares a las importaciones procedentes de China -que respondió de la misma forma- los negociadores de Washington habrían aceptado que la segunda economía global mantenga parte de los subsidios a su industria, a cambio de terminar la transferencia forzosa de tecnología, mejorar la protección a la propiedad intelectual y ampliar el acceso al mercado chino.

La era “Reiwa”

En paralelo, Japón y EU comenzaron a mediados de abril pláticas para un acuerdo comercial que aleje la posibilidad de que el segundo país imponga aranceles de 25 por ciento a los automóviles y autopartes del primero, una medida que también golpearía a la UE. Abe visitará a finales de abril Estados Unidos y Francia; por su parte Trump viajará a Tokio al igual que otros 195 invitados mundiales con motivo del ascenso al Trono del Crisantemo del nuevo emperador Naruhito, lo que marcará en Japón el inicio de la era “Reiwa”, que puede interpretarse como “bella armonía”.
En la agenda de Abe para la cumbre de Osaka también se incluirán reuniones bilaterales con los presidentes Moon Jae-in de Corea del Sur, Xi Jinping de China y Vladimir Putin, de Rusia.
Creado en Pittsburgh en 2009 para reflejar la creciente importancia de las potencias emergentes que trascienden al viejo G7, además del país anfitrión el G20 está compuesto por Alemania, Argentina, Australia, Arabia Saudita, Brasil, Canadá, Corea del Sur, China, EU, Francia, Gran Bretaña, India, Indonesia, Italia, México, Rusia, Sudáfrica, Turquía y la UE, a los que se incorporan estados y organismos internacionales invitados.
Reflejo de esa importancia, que no deja de ser paradójico, es el hecho de que hoy en contraste con EU y el aislacionismo británico es China la nación que promueve el libre comercio, a través de la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda, que moderniza con recursos por más de un billón de dólares la infraestructura de la producción y del transporte desde Pakistán hasta Grecia y África.
Apenas en marzo, Italia se convirtió en el primer miembro del G7 y de la Alianza Atlántica que se une al mecanismo, en un esfuerzo para salir del nulo crecimiento, el elevado desempleo y la “camisa de fuerza” fiscal en que se ha transformado la UE para la península mediterránea desde la entrada en vigor del euro en 2002, a los que se añade la crisis de refugiados provocada por las invasiones estadounidenses de Afganistán e Irak, así como por el conflicto en Siria.
Análisis del banco Morgan Stanley adelantan que la inversión de China en la también llamada Iniciativa del Cinturón y la Carretera (BRI) llegará en 2027 a 1.3 billones de dólares. No existe ningún plan con esa dimensión que se le asemeje en el mundo; Marco Polo, el célebre mercader y explorador veneciano de la Edad Media, lo había anticipado: los caminos del intercambio global pasan por el Lejano Oriente.