
Alianza del Pacífico
México asumió la Presidencia Pro Tempore de la Alianza del Pacífico en un momento particularmente complejo para el sistema internacional y para los propios mecanismos de integración regional en América Latina. En un escenario marcado por la fragmentación geopolítica, el debilitamiento del multilateralismo tradicional y la creciente competencia entre grandes potencias, la conducción mexicana del bloque adquiere un carácter estratégico, tanto por las prioridades que busca impulsar como por los desafíos internos que enfrenta el organismo.
Creada en 2011 e integrada por México, Colombia, Chile y Perú, la Alianza del Pacífico nació con un enfoque pragmático: promover la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas, así como fortalecer la proyección conjunta hacia la región Asia-Pacífico. Sin embargo, más de una década después, el bloque enfrenta una etapa de replanteamiento, en la que México buscará dotarlo de mayor dinamismo político y relevancia económica.
Entre las prioridades de México al frente de la Presidencia Pro Tempore destaca la reactivación del comercio intrarregional, el fortalecimiento de las cadenas regionales de valor y la atracción de inversión productiva en un contexto global marcado por la relocalización industrial (nearshoring). Para México, la Alianza puede convertirse en una plataforma clave para articular economías abiertas, con estabilidad macroeconómica y vocación exportadora, en un momento en el que América del Norte y Asia concentran buena parte de las nuevas decisiones de inversión.
Asimismo, México ha planteado la necesidad de modernizar la agenda del bloque, incorporando temas como la transición energética, la digitalización, la facilitación del comercio, la inclusión de pequeñas y medianas empresas y una mayor cooperación en innovación y educación. En un entorno internacional cada vez más competitivo, el énfasis no está únicamente en la reducción de aranceles, sino en la capacidad de los países miembros para integrarse de manera efectiva a los flujos globales de comercio e inversión.

Otro eje relevante es la apertura de la Alianza del Pacífico a nuevos actores. El mecanismo mantiene formalmente sus puertas abiertas tanto a nuevos Estados miembros como a la figura de Estados Asociados, creada para países que buscan una vinculación comercial más profunda sin incorporarse plenamente al bloque. En este sentido, la Presidencia mexicana busca revitalizar el diálogo con socios extrarregionales interesados en acuerdos de alto estándar, particularmente de Asia y Europa, reforzando el perfil internacional de la Alianza.
No obstante, uno de los principales retos políticos que enfrenta México es la situación de Perú, país miembro del bloque, con el que mantiene relaciones diplomáticas degradadas. Aunque la Alianza del Pacífico es un mecanismo eminentemente técnico y económico, la ausencia de consensos políticos ha limitado su funcionamiento pleno, incluyendo la imposibilidad de avanzar en decisiones que requieren unanimidad, como el traspaso formal de la Presidencia Pro Tempore en ciclos anteriores.
En este contexto, México ha optado por separar, en la medida de lo posible, las diferencias bilaterales del funcionamiento del bloque, apostando por una diplomacia pragmática que permita preservar la institucionalidad de la Alianza. La conducción mexicana busca evitar que las tensiones políticas paralicen un mecanismo que sigue siendo uno de los esquemas de integración más avanzados de la región en términos comerciales.
La Presidencia Pro Tempore de México se presenta, así, como una oportunidad para reposicionar a la Alianza del Pacífico en el escenario internacional, dotarla de una agenda más acorde con los desafíos globales actuales y demostrar que, pese a las tensiones políticas y a un entorno internacional incierto, la cooperación regional sigue siendo una herramienta válida para el desarrollo y la proyección estratégica de América Latina.
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