El Museo Nacional de las Culturas del Mundo celebra 50 años de amistad entre México y Mongolia con exposición

Khuree Tsam: La Danza de Purificación de los Dioses Mongoles

El personaje más importante de la danza es Chambon, la manifestación terrenal del Señor de la Muerte, Erlik Nomin Khan. Él guía y dirige a las deidades y espíritus protectores en la danza a la derrota y destrucción del mal.
El personaje más importante de la danza es Chambon, la manifestación terrenal del Señor de la Muerte, Erlik Nomin Khan. Él guía y dirige a las deidades y espíritus protectores en la danza a la derrota y destrucción del mal.

Mongolia

Acercar El mundo al corazón de México y explicarnos otras realidades humanas ha sido el objetivo del Museo Nacional de las Culturas del Mundo desde hace 60 años. Dentro de esta larga historia, es la primera vez que el museo cuenta con la presencia de la cultura de las grandes estepas y de los cielos infinitos: Mongolia.

El Cónsul Honorario de Mongolia en México, Don Enrique Gutiérrez, hizo una propuesta de exposición para celebrar los 50 años de relación diplomática entre México y Mongolia. KHUREE TSAM: LA DANZA DE PURIFICACIÓN DE LOS DIOSES MONGOLES, es una exposición muy especial que trata sobre un festival budista vivo y dinámico.  Las máscaras y los elementos expuestos fueron creados por el artista mongol Gankhuyag Natsag quien recibió los secretos Tsam de su maestro, el lama Danzan, uno de los monjes budistas que participó en el último ritual Khure Tsam en 1937, antes de que fuera prohibido.

En el Khure Tsam participan 108 máscaras que se elaboraban con oro, coral, plata y perlas. El Khure Tsam se representó entre 1811 y 1937 en este último año 800 monasterios fueron destruidos junto con sus tesoros. El budismo fue adoptado en Mongolia en el siglo XIII, convirtiéndose en religión de estado. Desde entonces, se cree que los budas descienden del cielo para ofrecer compasión a la humanidad y por ello son venerados de distintas formas.

En el siglo XVII, Undur Gegeen Zanabazar (1635–1723) se convirtió en la figura más destacada del budismo, el arte y la cultura en Mongolia. A través de la escultura y la pintura creó obras que se preservan como parte del patrimonio espiritual y artístico del país. En el siglo XIX, los artesanos mongoles continuaron su legado, produciendo obras de arte budista y máscaras de Tsam. Muchas de estas creaciones se conservan en museos y colecciones.

La ger ha sido utilizada por los mongoles durante cientos de años. Es una vivienda adaptada a la vida nómada, ecológica, segura y saludable. Se caracteriza por ser rápida de montar y fácil de trasladar.
La ger ha sido utilizada por los mongoles durante cientos de años. Es una vivienda adaptada a la vida nómada, ecológica, segura y saludable. Se caracteriza por ser rápida de montar y fácil de trasladar.

Durante 70 años las danzas rituales budistas estuvieron prohibidas, para recuperar esta historia espiritual y cultural, Gankhuyag Natsag comenzó a elaborar las 108 máscaras del Khure Tsam en 1997, tardó 10 años y gracias a su tenacidad, talento y corazón el festival se pudo volver a presentar en público en Mongolia en 2007.

Al recorrer esta exposición se descubrirán rasgos históricos, así como los valores espirituales y la vida nómada que han dado forma a la identidad del pueblo mongol. Podrá adentrarse en el eterno cielo azul, las vastas estepas, la vida pastoril y el hogar nómada. Esta exposición permitirá comprender parte de la esencia, las virtudes y las tradiciones del pueblo mongol.

El núcleo de la muestra es el Khuree Tsam, una de las expresiones sagradas más importantes del budismo en Mongolia. Este ritual, con sus impresionantes danzas, máscaras y vestimentas, conecta al espectador con la espiritualidad, la cosmovisión y los relatos míticos del pueblo mongol.

La exposición se encontrará abierta hasta la primera semana de junio del 2026. ¡Les esperamos!

Museo Nacional de las Culturas del Mundo Moneda 13, Centro Histórico 10 a 18 hr. Entrada libre.

En la tradición budista existe la figura legendaria de un anciano que vivió hasta la edad de los 108 años. Su larga existencia simboliza la belleza de vivir con propósito, respeto y en armonía con la naturaleza.
En la tradición budista existe la figura legendaria de un anciano que vivió hasta la edad de los 108 años. Su larga existencia simboliza la belleza de vivir con propósito, respeto y en armonía con la naturaleza.
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