Por: Gerardo Yong
Marco Rubio
En el capítulo Las nueve invariables, del Arte de la Guerra, de Sun Tzu, hay una recomendación hecha a los generales cuando están en plena batalla: “Si sabes qué conducta seguir, no esperes instrucciones”. Esta parece ser la actitud mostrada por Marco Rubio, secretario de Estado norteamericano. Calificado a veces como el Caballo de Troya del gobierno del presidente Donald Trump, Rubio más bien parece una pieza independiente dentro de la política del inquilino de la Sala Oval, que tiene bien claro lo que debe hacer y, además, con un enfoque preciso.
Este ex senador, de 54 años, actúa como si tuviera programado un sistema de estrategias para hacer respetar el derecho de Estados Unidos a mantener su zona de influencia en el continente americano, establecida bajo la Doctrina Monroe, misma que Washington descuidó durante décadas por participar en diferentes escenarios internacionales.
Nacido de padres cubanos migrantes, se ha encargado de la política hemisférica de manera impresionante, producto de ello fue la captura de Nicolás Maduro, en un operativo que se realizó con elementos de la fuerza Delta, sometiendo al principal aliado que proveía de energéticos a Cuba. No pasaron ni 24 horas cuando la isla comenzó a sentir los estragos de esta operación, obligando a constantes apagones que ocasionaron molestias y duras protestas en el pueblo cubano.
Sin mayor explicación que dar a los medios de comunicación internacionales, Rubio simplemente dijo que la estrategia estaba dirigida a recuperar el hemisferio occidental en favor de Washington, algo que también fue respaldado por Stephen Miller, subdirector político de la Casa Blanca. La justificación fue dar un golpe al Cartel de los Soles, del que hasta entonces no se sabía nada, pero fue integrado a la lista de grupos terroristas de Estados Unidos, bajo la visión operativa de Trump. La captura de Maduro permitió alterar la ecuación del poder en ese país sudamericano, sin tener que desmantelar un gobierno que le ha servido mejor con Delcy Rodríguez, a quien el magnate rubio considera mejor que a María Corina Machado, pese a que ganó las elecciones de 2025 con su respaldo y de quien asegura que ni su propio pueblo la respeta como para dirigir los destinos de su nación. Por si fuera poco, la nominación del Premio Nobel de la Paz para esta ultima también provino de Rubio.
Como puede verse, su actuación en Venezuela permitió la preparación para el debilitamiento de Cuba, al cortarle el suministro de petróleo, en una táctica que busca poner en situación de negociación a las autoridades de la Habana para llegar a un acuerdo que permita crear condiciones más abiertas para la isla.
Hasta el momento del cierre editorial, el gobierno cubano declaró que no quiere la guerra, y que haría todo lo posible por defender su revolución. El viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba aseguró que las fuerzas armadas ya se estaban preparando ante la “posibilidad de una agresión militar”, aclarando además que un cambio de régimen no estaba en negociación. En medio de este panorama, Washington ya sólo tenía que presionar a México y a cualquier país que intentase reanudar el suministro de hidrocarburos a la Habana, so pena de la aplicación de aranceles comerciales, lo cual ahondó aún más la dramática situación del gobierno cubano, acusado de apoyar a “grupos terroristas trasnacionales, como Hezbolá y Hamás”. Con esto, Irán se perfilaba en la mira de ataques balísticos por parte del Pentágono e Israel, los cuales iniciaron el 28 de febrero en un bombardeo que le costó la vida al ayatola Ali Jamenei y varios miembros de su séquito militar. El conflicto ya entró en su tercera semana de bombardeos.
Llama la atención también la manera en que Rubio ha atendido el tema europeo, tras la sacudida que ha dado Trump a los líderes eurocomunitarios mediante su constante política de presión. Durante la Conferencia de Seguridad realizada en Munich en 2025, el vicepresidente JD Vance mostró un lado profundamente antieuropeo, al señalar que Europa se encuentra en un punto de inflexión entre sus compromisos noratlánticos y el mal enfoque que ha dado al manejo de la democracia. Como ejemplo denunció la anulación de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Rumania realizadas en 2024, en las que el candidato nacionalista independiente Calin Georgescu había quedado en primer lugar; tras acusaciones de haber recibido apoyo mediático de parte de Rusia y de la plataforma Tik Tok, de origen chino.
En ese escenario, Rubio actuó como mediador severo durante su participación en el mismo foro en 2026, al asegurar que el “destino del continente europeo nunca será irrelevante para Estados Unidos”. Mostrando un lado menos reacio que el de Vance, señaló que Washington lo que espera es que Europa muestre un mayor compromiso en favor de mantener una coexistencia entrelazada. El jefe de la diplomacia estadounidense prácticamente dejó entrever que la coalición euroatlántica se encuentra en su peor momento, pues por una parte no honra los desafíos que ha tenido que superar por apoyar a sus aliados y, por otra parte, sólo han mostrado un evidente debilitamiento estratégico. También señaló que han dejado a un lado la defensa del occidentalismo por permitir “la migración masiva sin precedentes que amenaza a nuestro futuro”.
Fuera de un distanciamiento, Rubio propuso el fortalecimiento de las relaciones euroatlánticas pero, al igual que lo ha estado haciendo en el caso de recuperar la influencia estadounidense en América Latina, éste indicó que esa meta debe ser directamente para retomar la hegemonía regional que tiempo atrás había hecho fuerte a Europa en su propia historia y territorio. El canciller alemán, Friedrich Merz, pese a que contestó a las aseveraciones de Rubio diciendo que el “orden mundial basado en reglas ya no existe” (refiriéndose a las políticas dictadas por las grandes potencias), también reconoció la necesidad de “reparar y reactivar la confianza transatlántica”.
Pero mientras esto pasaba, Trump volvió a arremeter contra sus socios europeos al señalarlos de ser poco comprometidos por no sumarse a la misión de desbloquear el Estrecho de Ormuz (que además destacó era una medida por el bien de la seguridad europea), abriendo así una nueva fisura entre ambos bandos que seguramente tocará subsanar nuevamente a Rubio, así como el delicado tema de Groenlandia. Con ello, el presidente norteamericano prácticamente exhibió su decepción por el hecho de que sus aliados europeos volvieron a desestimar su convocatoria militar tal y como ocurriera en la guerra de Irak de 2003, donde Reino Unido, España, Portugal, Italia, Dinamarca, Polonia, Hungría y Ucrania acudieron al llamado del Pentágono (pero no Francia ni Alemania, de quienes se esperaba más ese apoyo).
Otro desafío que el actual secretario de Estado tiene a plazo inmediato es tratar de recomponer el dañado bloque Estados Unidos-Unión Europea. Para ello, realizará un viaje relámpago a finales de marzo para reunirse con el presidente Emmanuel Macrón y los representantes del Grupo de los Siete, a fin de tratar de convencerlos de unirse a la campaña militar del Pentágono en Medio Oriente, Ucrania, así como en los objetivos de seguridad globales que Donald Trump identifica como urgentes de tratar en bien de la estabilidad mundial.
El Grupo de los Siete, integrado además de Estados Unidos y Reino Unido, por Alemania, Francia, Italia, Canadá y Japón que se han mantenido al margen de la cooperación que exige la Unión Americana como muestra de lealtad a la ayuda que ha aportado al bloque durante décadas. Sin embargo, esta situación representa para Rubio una apuesta difícil en momentos en que Los Siete se encuentran en el peor escenario de su existencia ante un BRICS que ha visto incrementar su economía de manera vertiginosa. Sólo para comparar, el septeto representa el 58 por ciento de la riqueza del orbe, valuada en 317 billones de dólares, mientras que el BRICS, suma el 40.4 (118 billones de dólares). Respecto al PIB mundial, el club de los grandes retiene el 46 por ciento, respecto al 40.4 por ciento, del bloque multipolar. Y la presión al G7 sigue constante con la adhesión de nuevos miembros del BRICS cada año.
Como vemos, Rubio trata no sólo de abrir un espacio de cooperación, sino de recuperar o, por lo menos mantener la influencia mundial que ha tenido el G7 que, por ahora, supera su rival en cuestión de importancia política y militar, aparte de que sigue siendo el bloque con el mayor poderío económico en el planeta.
La participación del secretario de Estado estadounidense tendrá lugar en el momento más álgido de la crisis contra Teherán, en el que países como Alemania y Francia, pivotes de la Unión Europea, se han abstenido de apoyar y de participar en operaciones como el desbloqueo naval del Estrecho de Ormuz.
“El destino del continente europeo nunca será irrelevante para Estados Unidos”.
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