Texto: Carmen Mihalascu
Fotos: Daniel Otero Tamayo

FIC 2026
Del 3 al 18 de octubre de 2026, Guanajuato se convirtió en el gran escenario de las artes con la celebración de la 54.ª edición del Festival Internacional Cervantino (FIC), que reunió a 2,746 artistas en 212 funciones de música, danza, teatro, ópera, performance, cine y artes visuales. Francia participó como país invitado de honor, en el marco de la conmemoración de los 200 años del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre México y esa nación.
Organizado por el Gobierno de México, a través de la Secretaría de Cultura y la Dirección General de Circuitos y Festivales Culturales, en colaboración con el Gobierno del Estado de Guanajuato, el Cervantino reafirmó su posición como uno de los encuentros culturales más importantes de América Latina y fortaleció su vocación nacional al ampliar significativamente la representación artística del país.
Por primera vez, la programación trascendió el tradicional esquema de contar únicamente con un estado invitado y reunió 35 presentaciones provenientes de 20 entidades federativas, ofreciendo un panorama más amplio de la diversidad cultural mexicana.
Durante las dos semanas de actividades, el público pudo disfrutar de un auténtico derroche de talento en los diversos escenarios de Guanajuato capital. La 54.ª edición del Festival Internacional Cervantino ofreció una programación variada, con propuestas de danza, distintos géneros musicales, cine, artes gráficas, desfiles callejeros y representaciones artísticas de muy diversa índole.
Este año, Francia, país invitado de honor, mostró a la audiencia mexicana una faceta fresca y novedosa de su arte mediante la música, el teatro, el cine y las artes visuales. A diferencia de otras ediciones, en las que se invitaba a un estado de la República mexicana, en esta ocasión se convocó a las entidades federativas a participar, favoreciendo una mayor presencia y diversidad de expresiones culturales nacionales.
Guanajuato se vistió de gala durante el Cervantino. Sus calles se llenaron de colores y emociones, mientras habitantes y visitantes vivieron días en los que la cultura, la música y las artes transformaron la ciudad en un espacio de encuentro, celebración y convivencia.
Música
Natalia Cruz y la istmeña, música de identidad y resistencia
Natalia Cruz y su propuesta musical, La istmeña, música de identidad y resistencia, se presentaron ante un auditorio repleto en la Alhóndiga de Granaditas. El escenario se llenó de tonalidades, colores y una energía extraordinaria con las interpretaciones de música oaxaqueña, en un recorrido que evocó las raíces y la riqueza cultural del Istmo de Tehuantepec.
Con un amplio repertorio, Natalia Cruz rindió homenaje a la raíz africana que se mezcló de manera virtuosa con la música de raíces zapotecas, una tradición creada, enriquecida y transmitida de generación en generación hasta nuestros días. A través de sones, chilenas y boleros populares, la cantante interpretó temas como La Sandunga, La Martiniana, Naila, Luz de Luna y La Bruja.
Dotada de una voz privilegiada, cantó tanto en castellano como en zapoteco, con una pasión e intensidad que emocionaron al público y le valieron prolongados aplausos durante las casi dos horas que duró el espectáculo.
Bajo la dirección y los arreglos del multiinstrumentista José Abraham Osorio Robles, diez ejecutantes de instrumentos de viento, percusiones y metales acompañaron la interpretación vocal de la cantante, creando una atmósfera sonora que realzó la fuerza y la riqueza de cada pieza.
Ataviada con la indumentaria tradicional de la mujer tehuana, un traje de gala antiguo, bordado a mano con hilo de seda, Natalia Cruz desplegó todo su talento sobre el escenario. Al referirse a su vestimenta, explicó que también buscaba homenajear “este oficio tan antiguo, que nos ha dado identidad, que es el tejido y bordado tradicional”.
Con más de dos décadas dedicadas a la música y, en particular, al rescate de la cultura zapoteca, Natalia Cruz demostró que su propuesta representa una contundente declaración de la belleza y la singularidad cultural del Istmo de Tehuantepec. Su presentación fue también una celebración de la memoria, las tradiciones y la identidad de una región cuya herencia continúa viva gracias a quienes la preservan y la comparten con nuevas generaciones.
La emotiva y nutrida presentación concluyó a petición del público con una magistral interpretación de La Llorona. La cantante hizo gala de su amplio registro vocal, de su capacidad interpretativa y de una pasión que volvió a conmover a los asistentes, quienes respondieron con una cálida ovación.
Vladimir Ibarra
A través de sus interpretaciones con la guitarra, Vladimir Ibarra ofreció en el Templo de Marfil un repertorio que condujo al auditorio por un recorrido musical entre compositores de distintas procedencias y estilos.
El programa incluyó obras del guanajuatense Javier Compeán, quien se encontraba presente, con Paisajes como miniaturas para guitarra; del compositor alemán Stefan Soewandi, con Kamajaya; y del autor galés Stephen Goss, con piezas como Sonatina, Circle Line y Canary Wharf. El recorrido continuó con composiciones del brasileño Heitor Villa-Lobos y concluyó con obras de Ernesto García de León, entre ellas Preludio, Danza I y II, Interludio y Postludio.
Estas últimas piezas conformaron un abanico de sonoridades inspiradas en la vida salvaje, con referencias musicales al mono araña, el perico, los grillos y la cigarra. A través de los matices de la guitarra, Ibarra invitó al público a descubrir diferentes paisajes sonoros y a apreciar las posibilidades expresivas de este instrumento.
Como solista, Vladimir Ibarra ha impulsado importantes proyectos durante 14 años. Su discografía incluye Marañón, dedicado a Ernesto García de León, así como Cuando yo me muera, enterrarme con mi guitarra, del mismo compositor, una obra que establece un diálogo entre la guitarra y la poesía de Federico García Lorca.
Aquella tarde, Vladimir Ibarra emocionó a los asistentes con interpretaciones diversas y especiales que, gracias a su maestría, envolvieron y cautivaron a la audiencia. Cabe mencionar que el guitarrista ha sido galardonado con más de 15 premios en concursos de guitarra y ha recibido apoyos destinados a la creación artística.
Alma Mía: homenaje a María Grever, con la participación de la cantante guanajuatense Denise Gutiérrez
Dentro de la programación musical, otro espectáculo que despertó grandes expectativas fue Alma Mía, un homenaje a María Grever con la participación de la cantante guanajuatense Denise Gutiérrez. El Auditorio del Estado lució lleno para recibir esta propuesta dedicada a una de las compositoras mexicanas más reconocidas internacionalmente.
La puesta en escena resultó magnífica y contó con la participación de la Orquesta Sinfónica Juvenil Vientos Musicales, cuya frescura y pasión constituyeron el complemento perfecto para este recorrido por la vida de María Grever, sus canciones, su extraordinaria creatividad y su prolífica carrera musical.
La compositora residió durante muchos años en Nueva York, ciudad en la que desarrolló parte importante de su trayectoria y escribió en inglés para Frank Sinatra la famosa canción What a Difference a Day Makes, conocida también como What a Difference a Day Makes en su versión internacional.
En la extraordinaria voz de Denisse Gutiérrez, canciones como Muñequita Linda, Alma Mía y Júrame —esta última, particularmente bella— recuperaron toda la fuerza emocional del legado musical de María Grever, de cuyo fallecimiento se conmemoran 75 años. Las interpretaciones estuvieron llenas de sensibilidad, pasión y entrega, mientras el escenario se iluminaba con una atmósfera mágica que recordó al público que la buena música no tiene edad ni caducidad.
Denisse Gutiérrez, una de las cantantes más reconocidas de su generación, presentó un viaje sonoro que reivindicó la vigencia de una mujer visionaria, capaz de romper fronteras internacionales. María Grever estudió en Europa con el maestro Claude Debussy, musicalizó películas de Hollywood y fundó su propia editorial para hacer frente a las trabas de género de su época.
Con más de 800 composiciones a lo largo de su carrera, que abarcaron desde la música sinfónica y de cámara hasta el jazz, el rock y el mariachi, María Grever derribó muros y tabúes propios de su tiempo. Su trayectoria demuestra cómo el talento, la creatividad y la determinación pueden vencer barreras y trascender generaciones.
El homenaje permitió redescubrir a una creadora cuya obra continúa formando parte de la memoria musical mexicana y cuyo legado permanece vigente gracias a la interpretación de nuevas generaciones de artistas.
La Camerata de Salzburgo y María Dueñas
Otro de los géneros musicales presentes en el Cervantino fue la música clásica, representada por la Camerata de Salzburgo, que llenó el Teatro Juárez con un público entregado por completo a la interpretación de sus músicos.
Reconocida internacionalmente por la solidez de sus interpretaciones y por su vínculo histórico con Wolfgang Amadeus Mozart, la orquesta ha colaborado con destacados solistas y directores del panorama musical mundial, consolidándose como un referente del repertorio clásico europeo.
En esta edición del festival, la Camerata de Salzburgo se presentó junto a la violinista española María Dueñas, cuya profundidad musical y extraordinario talento la sitúan entre las intérpretes más destacadas de su generación.
Obras conocidas y reconocidas mundialmente, como Las bodas de Fígaro, de Mozart; el Concierto para violín en mi menor, de Felix Mendelssohn; y la Sinfonía n.º 2, de Beethoven, por mencionar algunas, provocaron el deleite de la audiencia. Los asistentes respondieron con prolongados aplausos, reconociendo la calidad de una presentación que reunió la tradición musical europea con el virtuosismo de una de sus jóvenes intérpretes más sobresalientes.

Hervé x MazelFreten
Francia propuso para el público joven, en esta 54.ª edición del Cervantino, una colaboración artística entre el DJ francés Hervé y la compañía de danza urbana MazelFreten.
El encuentro entre la música electrónica y el movimiento corporal dio como resultado un espectáculo dinámico de música y coreografía, recibido con entusiasmo por los asistentes. En Los Pastitos, la propuesta se convirtió en una experiencia colectiva que invitó al público a dejar atrás las preocupaciones cotidianas y dejarse llevar por el ritmo y el encanto de la música.
Los sonidos electrónicos de Hervé resonaron con el lenguaje corporal de MazelFreten, en una interacción que combinó ritmo, movimiento y energía hasta desembocar en una explosiva presentación de electro dance.
La propuesta mostró otra faceta de la creación artística contemporánea francesa y acercó al público a expresiones escénicas que dialogan con las nuevas generaciones, en las que la música y la danza se convierten en lenguajes compartidos capaces de generar una intensa conexión con los espectadores.
La ópera en el cervantino
Este año, el Cervantino presentó una propuesta diferente: una ópera-filme titulada La Belle et la Bête (La bella y la bestia), basada en la película homónima del cineasta y dramaturgo Jean Cocteau, inspirada, a su vez, en el cuento de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont, publicado a mediados del siglo XVIII. La película de Cocteau se estrenó en 1946.
La ópera-filme fue creada medio siglo después por el compositor Philippe Glass, quien presentó una propuesta novedosa al combinar su característico estilo minimalista con una banda sonora de composiciones musicales completamente nuevas. De esta manera, las imágenes se sincronizaron con las voces líricas, integrando una experiencia escénica y cinematográfica singular.
La Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato estuvo a la altura del desafío, acompañada por la mezzosoprano Gabriela Flores y el barítono Enrique Ángeles, quienes interpretaron los papeles principales de Bella y Bestia, respectivamente.
Ni siquiera la lluvia de aquella noche pudo detener la magia del espectáculo. La propuesta brilló en el escenario y cautivó al público, que pudo disfrutar de una combinación artística en la que el cine, la música y el canto lírico se integraron para ofrecer una experiencia diferente dentro de la programación del festival.
En el mismo género operístico, la Alhóndiga de Granaditas volvió a llenarse de magia con la presentación de la Banda de Música del Estado de Guanajuato y la Compañía de Ópera de Saltillo. Ambas agrupaciones ofrecieron un programa integrado por célebres arias de grandes compositores, entre ellos Puccini, Verdi y Wagner.
La presentación recorrió algunas de las páginas más reconocidas del repertorio operístico, acercando al público a la fuerza dramática y la riqueza musical de estas obras. El célebre coro de los esclavos de Nabucco, de Giuseppe Verdi, cerró con broche de oro el espectáculo, bajo la dirección de Adalberto Tovar, al frente de la Banda de Música del Estado de Guanajuato.
La respuesta de los asistentes confirmó el atractivo de una propuesta que reunió el talento de músicos e intérpretes en uno de los recintos emblemáticos del Cervantino, donde la ópera volvió a encontrar un espacio para emocionar y convocar a públicos diversos.
Teatro – El canto de Edipo
El canto de Edipo se presentó en dos ocasiones en el Teatro Cervantes, ante un público expectante que llenó todas las localidades. El director italiano Alessandro Serra retomó el mito de Sófocles y lo adaptó al grecánico, un vestigio vivo del griego que aún resuena en la antigua Magna Grecia. Se trata de una lengua arcaica, musical e instintiva que, a través de la sonorización, intensificó el dramatismo de la puesta en escena.
Mediante las imágenes y la imaginación de los asistentes, la dirección de Serra mantuvo vivo el misterio de una historia ampliamente conocida. Su propuesta ofreció una nueva aproximación a este viaje del héroe, que invita a mirar hacia el interior de nosotros mismos y a aceptar quiénes somos.
La puesta en escena trascendió las palabras y el tiempo, convirtiendo el lenguaje, los sonidos y la expresión corporal en recursos esenciales para acercarse a los grandes interrogantes de la existencia. De esta manera, la obra invitó a reflexionar sobre los aspectos fundamentales de la condición humana, demostrando la vigencia de los mitos clásicos y su capacidad para interpelar al espectador contemporáneo.
La recepción del público confirmó la fuerza de una propuesta teatral que encontró en el lenguaje y la sonoridad una vía para renovar el acercamiento a una tragedia universal, sin perder la profundidad de su significado.
Guanajuato, un escenario cultural a cielo abierto
Durante el Cervantino, las calles de Guanajuato también tuvieron vida propia. Los espacios públicos se transformaron en escenarios de desfiles y manifestaciones artísticas que llenaron la ciudad de música, colores y emociones. El ambiente festivo se extendió más allá de los teatros y auditorios, permitiendo que habitantes y visitantes se encontraran con distintas expresiones culturales mientras recorrían las plazas, callejones y espacios emblemáticos de la capital guanajuatense.
La presencia de espectáculos en escenarios tradicionales y espacios abiertos reafirmó el carácter incluyente del festival y su capacidad para acercar el arte a públicos diversos. La música, la danza, el teatro y las propuestas contemporáneas convivieron con el patrimonio arquitectónico de Guanajuato, creando una atmósfera en la que la ciudad entera participó de la celebración.
La 54.ª edición del Festival Internacional Cervantino concluyó como una nueva muestra de la riqueza artística de México y de su capacidad para establecer puentes culturales con el mundo. La participación de Francia como invitado de honor, en el marco de los 200 años de relaciones diplomáticas entre ambos países, aportó una dimensión especial a esta celebración, mientras que la presencia de propuestas provenientes de distintas entidades mexicanas amplió la diversidad de la programación.
Una edición más del Cervantino, lograda con gran éxito. Felicitaciones a todas las instituciones culturales involucradas por su trabajo y compromiso para mantener en alto el nombre de México y proyectar su riqueza cultural ante el mundo.

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