Michelle Bachelet y la encrucijada del multilateralismo

Una candidatura latinoamericana para la ONU

La eventual candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de las Naciones Unidas ha comenzado a perfilarse como uno de los movimientos políticos más significativos de América Latina en el actual escenario internacional. Respaldada por Brasil y México —dos de los principales actores regionales con tradición multilateral—, la ex presidenta de Chile emerge como una figura de consenso en un momento particularmente complejo para el sistema internacional y para la propia ONU.

De concretarse, la postulación de Bachelet tendría un valor histórico: sería la primera mujer latinoamericana en aspirar formalmente al máximo cargo de la organización. Su trayectoria política, marcada por dos mandatos presidenciales, una sólida experiencia en organismos internacionales y su paso como Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, le otorgan un perfil que combina liderazgo político, legitimidad regional y conocimiento profundo de la arquitectura multilateral.

El respaldo de Brasil y México no es menor. Ambos países han insistido de manera constante en la defensa del multilateralismo, el fortalecimiento de las instituciones internacionales y la necesidad de reformar la ONU para hacerla más representativa, eficaz y financieramente sostenible. En ese sentido, la candidatura de Bachelet no solo representa una apuesta personal, sino también una señal política clara de América Latina en favor de un orden internacional basado en reglas, diálogo y cooperación.

La relevancia de una mujer al frente de la ONU adquiere, además, una dimensión simbólica y política de gran calado. En casi ocho décadas de existencia, la organización nunca ha sido dirigida por una mujer, a pesar de que la igualdad de género constituye uno de sus principios fundacionales. La eventual llegada de Bachelet podría marcar un punto de inflexión en la representación femenina en la gobernanza global y reforzar la agenda de derechos humanos, inclusión y desarrollo sostenible.

Sin embargo, la candidatura se desarrolla en un contexto particularmente adverso. La ONU atraviesa una de sus etapas más difíciles, tanto en el plano político como financiero. El sistema multilateral enfrenta una creciente fragmentación, conflictos armados prolongados, tensiones entre grandes potencias y una pérdida de confianza en los mecanismos colectivos de solución de controversias.

A ello se suma la postura del expresidente estadounidense Donald Trump, quien ha manifestado reiteradamente su desprecio por el multilateralismo, descalificando a la ONU y promoviendo una política exterior unilateral que debilitó el liderazgo financiero y político de Estados Unidos dentro de la organización. La reducción de aportaciones, los retrasos en pagos y la presión sobre agencias clave han agravado una situación financiera ya precaria, limitando la capacidad operativa de la ONU en múltiples frentes.

En este escenario, la figura de Michelle Bachelet representa tanto una oportunidad como un desafío. Su eventual liderazgo tendría que navegar entre la urgencia de restaurar la credibilidad del sistema multilateral, recomponer consensos entre actores profundamente polarizados y garantizar la viabilidad financiera de la organización. Para América Latina, su candidatura simboliza una apuesta por recuperar voz, presencia e influencia en la gobernanza global en uno de los momentos más críticos del orden internacional contemporáneo.

La relevancia de una mujer al frente de la ONU adquiere,

además, una dimensión simbólica y política de gran calado.

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