Por: Gabriel Moyssen
Unión Europea – México
Después de 13 años de difíciles negociaciones, al fin el pasado 22 de mayo México y la Unión Europea formalizaron la firma de su Acuerdo Global Modernizado (AGM) y de un Acuerdo Comercial Interino, instrumentos que llegan en un momento por demás oportuno para ambos lados del Atlántico ante los profundos cambios en el intercambio económico y la erosión del paradigma librecambista a partir de la primera presidencia de Donald Trump en Estados Unidos en 2017.
En la Ciudad de México, correspondió a la titular de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, resaltar el nuevo tratado como “uno de los más ambiciosos que el bloque europeo ha concretado en su historia”, al enfatizar que su alcance “supera los términos estrictamente comerciales para consolidar un vínculo integral” en las diversas áreas de cooperación y diálogo. Destacó que, una vez completada la ratificación formal -se espera para julio en el Parlamento Europeo y para el transcurso de este año en el Senado mexicano, así como en los legislativos de los 27 Estados miembros de la UE- se eliminarán los aranceles para prácticamente todas las exportaciones agrícolas mexicanas.
Además, Von der Leyen subrayó el comienzo de una “nueva etapa” de inversiones en México, mediante la estrategia Global Gateway que movilizará 5 mil de los 300 mil millones de euros (más de 100 mil 500 millones de pesos) que tiene contemplados en el periodo 2021-2027 para financiar proyectos de energía renovable, movilidad limpia con nuevos sistemas de cablebús, redes digitales e industria farmacéutica. La agenda de inversión estará alineada con el Plan México del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, lo que permitirá respaldar la transición energética con 13 proyectos de generación solar y eólica, lo mismo que otro para frenar la contaminación por plásticos. Hoy, insistió, “hemos dado grandes alas a nuestra relación” ya que el AGM abre una etapa “ambiciosa, fiable, con visión de futuro y comprometida”.
Incluso, aseveró que “hoy hemos actualizado esta amplia plataforma. Ahora tenemos este fantástico acuerdo que fortalece nuestro anterior acuerdo global, en consonancia con nuestros valores, prioridades conjuntas y los desafíos que compartimos como socios en este mundo”.
A propósito de esos desafíos, fue António Costa, presidente del Consejo Europeo, quien fue más explícito en Palacio Nacional, pues expresó que el AGM constituye una “auténtica declaración geopolítica” que fortalece la cooperación entre socios que comparten valores democráticos y una visión multipolar del orden internacional.
Detalló que el acuerdo permitirá diversificar economías, reducir dependencias y consolidar la resiliencia económica de las dos partes; Costa, quien acudió a la ceremonia en calidad de testigo institucional, recalcó las coincidencias en materia de seguridad y de combate al crimen organizado, si bien dejó en claro que toda colaboración debe efectuarse “respetando la soberanía y la integridad territorial de los Estados y en el marco del Estado de Derecho”, ganándose el aplauso de los funcionarios mexicanos presentes ante la creciente tensión en las relaciones entre México y Estados Unidos por la solicitud de extradición del entonces gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, nueve integrantes de su administración y políticos, formulada por la fiscalía del Distrito Sur de Nueva York.
Respeto mutuo
En su intervención, Sheinbaum manifestó que México recibe a la UE “con la convicción de que vivimos un momento histórico en nuestra relación, un tiempo en el que nuestras naciones elegimos la cooperación y el bienestar compartido. México ha decidido mirar hacia el mundo entero con dignidad, con fortaleza”; afirmó que Bruselas “ha demostrado al mundo que la cooperación para el desarrollo es viable”, elogió el “ejemplo para el mundo” que representa el proyecto común europeo y describió al AGM como la posibilidad de “consolidar una relación estratégica basada en el respeto mutuo, la igualdad entre naciones y la confianza en un futuro común”.
En respuesta a preguntas de la prensa sobre el acuerdo con la UE y la renegociación en curso del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), la mandataria descartó que exista alguna contradicción. “Al revés, fortalecen a México y fortalecen a Europa y fortalecen también a Estados Unidos”, consideró. México, dijo, busca fortalecer simultáneamente sus vínculos con Washington y con Bruselas.
Pese a la cercanía política y cultural de Europa y México, el intercambio comercial aún cuenta con un enorme potencial que ahora recibe el impulso de un mercado desarrollado que suma 450 millones de personas en el viejo continente. Para mediados de 2000, es decir, tres años después de que se establecieran las bases del Tratado de Libre Comercio y del Acuerdo de Asociación Económica que sustituirá el AGM, apenas ascendía a 10 mil millones de dólares. Para 2025, rebasó los 94 mil 500 millones de dólares y la UE es ya el tercer socio comercial de México por detrás de Estados Unidos y China. En cuanto a inversiones, el año pasado ocupó el segundo puesto con 9 mil 906 millones de dólares, equivalentes a 24.3 por ciento de la Inversión Extranjera Directa en el país.
Sin embargo, como lo han hecho notar varios análisis, el déficit de México con la UE es histórico, sostenido por importaciones de bienes de capital, maquinaria y tecnología que en 2025 lo empujaron hasta 64 mil 500 millones de dólares, mientras que los planes del gobierno mexicano proyectan que las ventas a Europa -productos electrónicos, textiles y agroalimentos- superen 36 mil millones de dólares hacia 2030, mediante un aumento de 50 por ciento; obviamente, la UE incrementará al mismo tiempo su participación en el mercado mexicano en los sectores ya mencionados, alimentos y bienes de lujo.
Mención aparte, con el AGM México busca atraer capitales productivos y para ello aceptó establecer un Tribunal de Solución de Controversias de Inversión que operará con independencia del Poder Judicial Federal y sus reformas que generan dudas en el empresariado internacional; ya se verá cómo funciona este mecanismo, igual que el diálogo sobre derechos humanos, democracia y medio ambiente -complicado, en años recientes- que Bruselas pretende intensificar.
Lo que resulta evidente, en tanto, es que el acuerdo arriba en un momento más que propicio para México porque revitaliza su vocación de interlocutor y puente entre los grandes bloques internacionales contribuyendo, así sea de manera simbólica, a reducir su dependencia del mercado estadounidense justo en una etapa en la que esa condición lo ha llevado a aplicar aranceles a países asiáticos y Brasil, así como a limitar la expansión de las firmas chinas en el país.
Ebrard: El libre comercio no regresará
Es ilustrativo, al respecto, que en plena renegociación del T-MEC el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, haya declarado el 1 de junio que México ya no puede plantearse como objetivo regresar al libre comercio sin aranceles con Estados Unidos, al reconocer que carece del poder económico para imponer ese criterio. En su lugar, indicó, el mayor socio de México construye un sistema basado en aranceles diferenciados, en el que el acceso a su mercado dependerá de dónde se produzcan los bienes.
Ebrard añadió que por ello la estrategia mexicana consiste en “buscar la mejor posición respecto a todos los demás. Es decir, que exportar desde México sea más barato que hacerlo desde Vietnam, Indonesia, China, Corea del Sur, Japón, etcétera”. Además, enfatizó que México y Canadá, como miembros del T-MEC, son las únicas naciones que mantienen 85 por ciento de sus exportaciones sin aranceles a Estados Unidos, pese a que las políticas de la Casa Blanca apuntan a tarifas generalizadas. Y como prueba de lo anterior, apenas dos días después, la oficina del Representante Comercial estadounidense anunció que estudiará aranceles de 10 a 12.5 por ciento a 60 países -incluyendo México y Canadá- que incumplan la prohibición de bienes producidos con mano de obra forzada o esclavizada.
La medida también afectaría a la UE, que libra de forma soterrada, como China, una guerra comercial con Washington. En este marco, el acuerdo con México, que se añade al que entró provisionalmente en vigor en mayo con el Mercosur, facilita a Bruselas apuntalar su presencia en el hemisferio occidental, uno de los escenarios de la competencia agudizada por la hegemonía económica a escala global.
Consolidar una relación estratégica basada en el respeto mutuo, la igualdad entre naciones y la confianza en un futuro común”.
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