El G20 en Sudáfrica, nueva batalla del multilateralismo frente a Trump

Por: Gabriel Moyssen

G20

Un nuevo frente de la lucha entre el multilateralismo y las políticas mercantilistas y transaccionales que defienden el gobierno de Donald Trump en Estados Unidos y sus aliados se abrirá los días 22 y 23 de noviembre en la Cumbre del G20 en Johannesburgo, Sudáfrica, donde el país anfitrión impulsa una ambiciosa agenda dirigida a promover el desarrollo del Sur Global bajo el lema “solidaridad, igualdad y sustentabilidad”.

Ante el volátil escenario internacional, caracterizado por la posible tregua en la guerra comercial pactada entre los presidentes Xi Jinping de China y Trump, el riesgo de una escalada bélica en Ucrania, el incierto cese al fuego en Gaza y nuevas tensiones entre Washington, Venezuela y Colombia, resulta evidente que las perspectivas de un desenlace positivo de la cumbre -primera del G20 que tendrá lugar en África- dependen del apoyo que socios clave del grupo de las veinte economías más grandes, como China y la Unión Europea, otorguen a los objetivos que Sudáfrica ha negociado en el último año además de continuar los avances de las presidencias rotativas previas de Brasil, India e Indonesia.

Estas metas son el financiamiento a los países menos desarrollados para la transición energética, el aprovechamiento de los minerales estratégicos para un crecimiento incluyente, acelerar el avance hacia los objetivos de desarrollo sostenible y el impulso a una economía digital incluyente, así como el alivio de la deuda externa de los países menos desarrollados, crecimiento económico incluyente, industrialización, empleo y reducción de las desigualdades, seguridad alimentaria, el uso de Inteligencia Artificial y la innovación para el desarrollo sostenible, el empoderamiento de las mujeres y el mejoramiento de la capacidad de respuesta a los desastres naturales.

Al respecto, es importante destacar lo ocurrido durante y después de la reunión que sostuvieron Xi y Trump el 30 de octubre en Busan, Corea del Sur, por primera vez en seis años: mientras que el mandatario estadounidense y su secretario del Tesoro, Scott Bessent, aseguraron que Beijing reanudará las compras de soya a su país en “tremendas cantidades” -cuya suspensión amenazaba con quebrar a los productores- y Washington recortará a 20 por ciento los aranceles que aplicó a sus exportaciones por el presunto tráfico de fentanilo, el líder chino ni siquiera aludió directamente al encuentro. Por el contrario, sus palabras más importantes las dedicó a la inauguración de la cumbre del Mecanismo de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC) en Gyeongju, también en Surcorea, donde recalcó la necesidad de crear un “entorno económico regional abierto y promover el comercio, la liberalización y la facilitación de inversiones”.

Ante las delegaciones de las economías más dinámicas del este asíatico, así como de México y Canadá, con la notoria ausencia de Trump, Xi ofreció que China “no cerrará sus puertas al mundo exterior, sino que las abrirá aún más”, para luego proponer “una globalización económica incluyente y beneficiosa”, al enfatizar que “cuanto más turbulentos sean los tiempos, más debemos trabajar juntos”.

Para los medios de comunicación y analistas internacionales la conclusión fue obvia. China sigue llenando los vacíos que EU deja en todo el mundo con su unilateralismo arancelario, belicismo y un errático aislacionismo que lo ha llevado a deportaciones masivas de inmigrantes y a revivir la “diplomacia de las cañoneras” en América Latina con los ataques a supuestas lanchas del narcotráfico en el Caribe y el Pacífico que no pueden ocultar sus planes de “cambio de régimen” en Caracas y Bogotá, al tiempo que amaga con reanudar las pruebas nucleares, suministrar misiles de crucero a Ucrania y bombardear a Nigeria. La cerrazón del “Estados Unidos primero” contra la iniciativa “ganar-ganar” del pluralismo enarbolado por Beijing.

Apoyo crucial

Por eso cobra también relevancia que la Unión Europea (UE) cumpla en la cita de Johannesburgo con lo afirmado por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, al entrevistarse en septiembre en Naciones Unidas con el presidente sudáfricano, Cyril Ramaphosa, señalando que “estamos totalmente con ustedes para que sea un éxito su presidencia del G20”. Antes, en marzo, Von der Leyen puntualizó en Ciudad del Cabo, sede de la cumbre UE-Sudáfrica, que “en un momento de confrontación y competencia global incrementada, debemos fortalecer aún más nuestra asociación”.

Cabría esperar que en este escenario de definiciones la diplomacia de México fuera más activa, por lo que sería alentador que la presidenta Claudia Sheinbaum asista a la capital económica de África del Sur, tras participar en la cumbre del G20 en Río de Janeiro en 2024. Su presencia en Río hace un año, al empezar su gobierno, constituyó un hito frente al aislamiento de su predecesor, pero se requiere mucho más para reanimar a la política exterior mexicana justo cuando es urgente ante los embates estadounidenses. Trump, es cierto, aplazó una vez más los aranceles que entrarían en vigor para las exportaciones mexicanas este mes, aunque nada puede darse por garantizado y es imprescindible que México, así sea poco a poco, diversifique su estrategia comercial y de cooperación como está intentando hacerlo con Brasil, de cara a la renegociación del tratado con el mismo EU y Canadá.

Las cartas están sobre la mesa y la reunión de Johannesburgo llega en un momento difícil para Sudáfrica y el Sur Global al finalizar un ciclo que, según Elizabeth Sidiropoulos, ejecutiva en jefe del Instituto de Asuntos Internacionales de Sudáfrica, comenzó en 2008 con la primera cumbre del G20 en Washington, sacudido por la crisis financiera. Entonces, un George W. Bush en retirada, tan similar en varios aspectos a Trump y que pronto sería reemplazado por Barack Obama, reconoció que era ineludible ampliar y, por ende, democratizar la toma de decisiones para la gobernabilidad. Sin embargo, en lugar de eso Sidiropoulos resalta el aumento de la desigualdad, el descontento con la democracia formal y el auge del populismo de ultraderecha que sintetiza la llegada inicial de Trump a la Casa Blanca en 2017 para desmontar caóticamente el orden liberal y multilateral que trata de sobrevivir minado por sus limitaciones e injusticias.

Priyal Singh, investigador del Instituto para Estudios de Seguridad de la Universidad de Witwatersrand en Johannesburgo, detalla que el compromiso de EU con causas como la gestión del cambio climático está descartado y ahora se observa, en especial en Europa, un incremento del gasto militar que irá en detrimento de la ayuda financiera y técnica para cumplir los objetivos de desarrollo sustentable.

Difícil relación bilateral

Para complicar el panorama, la relación entre Pretoria y Washington empeoró en los últimos años a medida que Sudáfrica profundizó en los BRICS sus lazos con China y Rusia, además de acusar a Israel de genocidio en Gaza ante la Corte Internacional de Justicia en La Haya. La respuesta de EU fue acusar a Sudáfrica de discriminar a la minoría blanca o afrikaner que sostuvo al régimen racista del apartheid, en tanto que el secretario de Estado, Marco Rubio, decía en febrero que el principio de “solidaridad, igualdad y sustentabilidad” acuñado para el G20 se opone a la administración Trump al repetir los lineamientos de los gobiernos demócratas estadounidenses de “diversidad, equidad e inclusión”.

De poco sirvió que Ramaphosa acudiera a la Casa Blanca en mayo en busca de un deshielo; Singh advierte que uno de los desenlaces de la reunión puede ser el sabotaje estadounidense de las iniciativas sobre la deuda y el cambio climático para reorientar al G20 -que Washington encabezará en 2026- hacia la “desregulación y los intereses empresariales de EU”. Trump descartó participar y será representado por el vicepresidente J.D.Vance; apenas el 30 de octubre, su gobierno anunció que reducirá de 125 mil a 7 mil 500 el número anual de refugiados que aceptará y que estos serán en su mayoría afrikaners.

El mundo, sin embargo, continuará girando en torno a las propuestas coordinadas por Sudáfrica y, en paralelo, a las que se debatirán en la COP30, la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que se efectuará en Belém, Brasil, entre el 10 y el 21 de noviembre, porque entiende que no es viable el regreso a la ley de la selva. Empero, el multilateralismo deberá adaptarse a los retos y demostrar que puede tener éxito otra vez.

La cerrazón del “Estados Unidos primero”

contra la iniciativa “ganar-ganar” del pluralismo

enarbolado por Beijing.

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