Por: Gerardo Yong
OTAN
El famoso lema “Todos para uno y uno para todos” fue acuñado en 1844 por el escritor francés Alexandre Dumas. Con él quiso consolidar el compromiso y lealtad de los tres mosqueteros al servicio del Rey de Francia. Poco más de un siglo después, esa misma máxima sirvió para dar cohesión a la primera alianza europea occidental denominada Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), donde doce países fundadores se comprometían un cuatro de abril de 1949 a unificarse en torno a la defensa de un aliado que fuera agredido y a adoptar medidas para fortalecer la seguridad conjunta. Se trata del Artículo 5 que fomenta una férrea respuesta contra cualquiera se atreva a siquiera intentar dañar o a atacar a algunos de sus miembros. Este es uno y el más importante de los 14 artículos que regulan su facultad operativa.
El famoso Artículo quinto de la OTAN
Precisamente en 2002, Estados Unidos lo convocó para solicitar el apoyo del organismo para llevar a cabo realizar operativos militares en Irak y Afganistán, tras los ataques de las Torres Gemelas. En ese entonces ya eran dieciocho aliados, los cuales aceptaron apoyar a George W. Bush en una cruzada que se extendió hasta el 2011; año en que el Pentágono comenzó el repliegue de sus fuerzas (de hecho, está programado que, a fines de septiembre del presente año, retirará a todos sus efectivos poniendo fin a una ocupación de 26 años en suelo iraquí. Cabe destacar que la Alianza Atlántica mantuvo sus tropas y asesores todo este tiempo en la zona y apenas las retiró en marzo pasado, para reubicarlas en suelo europeo a fin de aumentar la seguridad regional ante la el conflicto en Irán.
La decepción de Trump
A casi 80 años de su fundación y ahora con 32 miembros, el Pacto Atlántico atraviesa por severas crisis, principalmente por el enfoque de Estados Unidos que piensa que el compromiso de sus integrantes no ha sido el esperado para la potencia militar más grande del mundo. La reunión efectuada en Turquía los días 7 y 8 de julio se realizó bajo el temor de que Washington pudiera retirar definitivamente su participación del bloque; una amenaza que la ha esgrimido desde 2024, aduciendo que el grupo no ha sido capaz de elevar su presupuesto militar en al menos cinco por ciento de su PIB nacional, proceso que se efectuaría paulatinamente hasta el 2036. El presidente Donald Trump ha considerado que el gasto militar de los aliados es desproporcionadamente bajo y además se ha retrasado, dejándole a Washington el peso de la modernización del bloque.
Trump ha señalado constantemente que la OTAN se apoya demasiado en Estados Unidos en lugar de compartir los costos de defensa, asimismo, ha cuestionado el compromiso general de apoyar las medidas de Estados Unidos, cuando lo necesite o se encuentre en situación de crisis, una voz que se hizo resonar con mayor prudencia durante la reciente cumbre en Ankara, Turquía, donde el inquilino de la Sala Oval moderó sus comentarios sobre la adopción del aumento del cinco por ciento al presupuesto bélico, siendo España el único renuente a hacerlo. Trump dijo lapidariamente que, a final cuentas, Madrid se ceñirá a la propuesta: “Tengo el presentimiento de que lo aceptará”.
Un Trump resentido. ¿Groenlandia?
Con su ya bien conocida actitud dura y pendenciera, el magnate rubio apuntó directamente contra la falta de compromiso en las peticiones requeridas al bloque militar, que fueron desde la negativa de España a usar sus bases militares, hasta reiterar la necesidad de que Groenlandia quede bajo la protección estadounidense ante el posible avance de Rusia y China hacia esa región noratlántica. La primera ministra Mette Frederiksen aseguró al respecto que esa enorme isla ártica “no está en venta” y remarcó diciendo que esperaba que “todos, incluyendo los aliados, respeten el derecho del pueblo groenlandés. Somos un estado soberano y necesitamos que todos respeten nuestra integridad territorial y nuestra soberanía”.
La simpatía turca
Trump no dejó de exhibir su posición dura y hasta manifestó más simpatía por el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, cuyo país también ha causado varios dolores de cabeza a la OTAN. Esto debido a su cercanía con Rusia, al que le compra armamento y porque ha condicionado el ingreso de nuevos miembros como Suecia y Finlandia a los que acusa de albergar a simpatizantes del grupo extremista Partido de los Trabajadores del Kurdistán, enemigos de su régimen. Erdogan ni siquiera ha titubeado en calificar a estos países nórdicos como “un criadero de organizaciones terroristas”. De igual forma, el mandatario turco también ha condicionado la inclusión de nuevos integrantes del club de la Rosa de los Vientos a la eliminación de políticas como la imposición de un bloqueo sueco-finés a las exportaciones de armas turcas, adoptado tras el conflicto de Siria.
La afinidad entre estos dos jefes de estado ha sido más que evidente y con buenos resultados, pues Trump prácticamente insinuó a Erdogan que podría autorizarle la compra de cazas F-35 para la fuerza aérea turca (claro, siempre y cuando también deseché o regrese los cazas rusos que adquirió a Moscú, que fueron adquiridos debido a que las administraciones de George W, Bush y Barack Obama se negaron a proveérselos).
Sin embargo, Trump no quitó el dedo del renglón al destacar de los Aliados. De hecho, prácticamente ha establecido que la OTAN no lo apoyó en su campaña contra Irán, cuyo sistema político basado en la ley islámica le disgusta tanto que señaló a sus dirigentes como “chiflados y escorias” por haber lanzado ataques contra embarcaciones que intentaban cruzar pacíficamente el Estrecho de Ormuz.
¿Diplomacia interna en la OTAN?
El secretario general, el holandés Mark Rutte, se ha dado a la tarea de dinamizar una estrategia diplomática interna para aplacar al mandatario estadounidense y evitar el deterioro de la alianza, la cual ya está cerca de cumplir su octagésimo aniversario de fundación. La táctica ha sido apoyada por algunos ministros que consideran que Trump, a final de cuentas, va a permanecer en la Alianza atlántica, sobre todo porque su país fue uno de los principales promotores de la paz y la seguridad mundiales. Sin embargo, el pesimismo también ronda en las filas atlánticas, se trata de aquellos representantes que opinan que sería mejor alejarse de la influencia norteamericana y, de una vez por todas, empezar a construir un nuevo bastión militar con un enfoque europeo, con funciones más específicas como las operaciones de disuasión y de defensa de toda la región, en el que cada miembro se haga cargo de misiones específicas conforme a la operatividad de cada uno de sus ejércitos nacionales. La medida ha sido considerada como una nueva etapa en la capacidad bélica y táctica colectiva, pero basada en la disuasión y defensa de la Alianza contra todas las amenazas posibles y por haber en la actualidad.
Ucrania, en el eje de la polémica
Finalmente, aunque la reunión pudiera haber sido una más del organismo, en realidad permitió dejar en claro que la Alianza sigue siendo importante para todos, pues no existe otra alternativa para el bloque militar occidental (como al parecer también lo es la Organización de las Naciones Unidas, acusada de ser un organismo inoperante y caduco). La OTAN ha sido el as ganador de occidente desde la Guerra Fría. La actual conflagración de Ucrania la ha puesto en una situación en la que no se puede dejar sin apoyo a uno de los principales miembros postulantes que ya, incluso, está defendiendo los valores atlánticos en abierta y directa confrontación con Moscú.
El presidente ucraniano Volodimir Zelensky fue el segundo beneficiado de la reunión, después de Erdogan quien consiguió al menos una venta intencional de caza- bombarderos norteamericanos. Trump ofreció a Zelensky que le concedería la tecnología necesaria para fabricar sus propios cohetes Patriot con los que podría defenderse de los ataques rusos.
Según testimonios de la periodista mexicana Denisse Dresser, quien visitó el escenario de guerra recientemente, afirmó que los rusos han tenido problemas por vencer a un país mucho más pequeño que el suyo, con menos recursos económicos y bélicos, aunque con una gran capacidad táctica que ha sabido dar problemas a un Kremlin que no ha podido hacerlos rendirse, en un conflicto que ya ronda su cuarto año.. Hay que recordar que la Segunda Guerra Mundial duró seis años.
Con información consultada de CNN, BBC, El País y Wikipedia.
La primera ministra Mette Frederiksen aseguró al respecto que esa enorme isla ártica “no está en venta” y remarcó diciendo que esperaba que “todos, incluyendo los aliados, respeten el derecho del pueblo groenlandés. Somos un estado soberano y necesitamos que todos respeten nuestra integridad territorial y nuestra soberanía”.
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